Porzio Ríos García
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La propiedad intelectual debe estar presente en las discusiones tributaria y educacional

Cristobal Porzio

"...soñemos con lograr instalar empresas extranjeras grandes en el campo de las tecnologías de punta, a cambio de someterse a un sistema tributario claro a largo plazo y muy favorable...".
Cristóbal Porzio Presidente de la Asociación Chilena de la Propiedad Intelectual (Achipi) Mañana tendrán lugar las VII Jornadas de la Asociación Chilena de la Propiedad Intelectual (Achipi), hito principal del año en materia de debate público sobre propiedad intelectual. Se realizarán en un Chile con una percepción económica diferente a la de años anteriores. En paralelo, el Congreso Nacional empezó a ajustar el texto de reforma tributaria, y por otra parte se dio la partida oficial al tan esperado debate de reforma educacional.

En el ámbito de la propiedad intelectual, se encuentra en el Congreso, en discusión avanzada, el proyecto de ley para una nueva Ley de Propiedad Industrial; en octubre del presente, el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (Inapi) comenzará a operar como ISA/IPEA (oficina autorizada a nivel internacional para realizar el examen de patentabilidad de solicitudes de patentes presentadas en otros países).

Asimismo, Chile se encuentra todavía negociando el tratado TPP, que contiene un sinnúmero de normas comerciales, y muy especialmente un capítulo completo sobre propiedad intelectual e industrial. Los resultados finales de estas negociaciones son todavía inciertos, no siendo todos los desenlaces posibles iguales en lo que dice relación con sus efectos en el futuro desarrollo de Chile y el crecimiento de las pymes.

Pero la propiedad intelectual, tema de primera línea de discusión en los países más desarrollados, miembros de la OCDE, a la que pertenecemos, y tema clave en el TPP y en los tratados de libre comercio vigentes, ha estado ausente de los debates tributario y educacional.

En lo tributario, es tiempo de aprovechar la reforma que se está escribiendo para incorporar además de las ya acordadas alzas de impuestos a las empresas, incentivos y rebajas de impuestos importantes y audaces para los que inviertan en crear, investigar y desarrollar nuevas soluciones técnicas, que nos permitirán algún día llevar a nuestro país, todavía principalmente exportador de materias primas, a ser un país creador y exportador de soluciones, productos y sistemas tecnológicos. Es hora de crear zonas tecnológicas y polos de desarrollo, libres o casi libres de impuestos. Soñemos con agregarle unos capítulos de este tipo a nuestra nueva ley tributaria en preparación. Soñemos también con lograr instalar empresas extranjeras grandes en el campo de las tecnologías de punta, a cambio de someterse a un sistema tributario claro a largo plazo y muy favorable.

En educación, el debate se ha centrado en el lucro y poco se ha hablado de calidad ni de medios para alcanzarla. El debate debería permitirnos implementar una reforma que no resulte solamente en una manera de aplacar la voz de la calle, sino que permita contar en el mediano plazo con buenos colegios y así con alumnos mejor preparados, capaces no solamente de ejecutar instrucciones recibidas, sino que también de pensar y crear, y de cultivar el "bicho del emprendimiento de cosas grandes". Eso les permitirá optar a una educación superior y a un futuro laboral mejores. Habrá que enseñarles a esos alumnos, como de hecho lo hacen sus pares en otros países desarrollados, a capturar el conocimiento y transformar el mismo en productos, sistemas, métodos escalables y exportables. Estos serán los pilares de las futuras empresas que permitirán dar trabajo a muchos compatriotas. Además les permitirá envasar y exportar los resultados de esos desarrollos -transformados en privilegios industriales, secretos industriales o derechos de autor-. A cambio, ellos, y en definitiva nuestro país, recibirán nuevos recursos, para hacer nuevas inversiones, crear nuevas empresas y sostener en todo o parte el sistema educativo. Así podremos dar el salto al desarrollo definitivo.

De no lograrse lo anterior, nos veremos ante el riesgo de pasar de la desaceleración a otros estados más complicados. Todo ello, arriesgando además de perder a los mejores, que serán tentados sin duda por emigrar en búsqueda de mejores y concretas oportunidades en otros lugares del mundo donde se valora y premia el esfuerzo individual y colectivo, y donde normas claras y visión de futuro permiten capitalizar ese esfuerzo y vivir en paz.

Estamos a tiempo de incorporar a las discusiones nacionales en curso el tema de la propiedad intelectual, herramienta clave para el desarrollo, y ya probada con éxito por varios de nuestros socios comerciales.