Porzio Ríos García
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Tecnología, impulso fiscal y desarrollo país

"...¿Cómo no poder transformar Punta Arenas en la Seattle del Hemisferio Sur?...".
Cristóbal Porzio Abogado En los años noventa, Intel Corp anunció su intención de instalar en Chile una planta de ensamblaje y pruebas. Ello permitiría, con una inversión de quinientos millones de dólares, crear cerca de tres mil puestos de trabajo, sin contar los efectos virtuosos colaterales que se habrían producido en la economía. Pero nuestra falta de manejo político y de visión de largo plazo llevó a Intel a un país centroamericano.

A pesar de nuestro orden económico, no parecemos haber tenido después de la "estupenda amenaza Intel" otra de ese calibre, en un sector distinto al de nuestros recursos naturales. Por ello, debemos lograr provocarla para acelerar el paso hacia el desarrollo.

El Gobierno impulsó durante 2010 un debate clave en materia de educación, que recién concluyó con el establecimiento de bases sólidas para mejorarla definitivamente. Ello nos permitirá tener colegios de mayor calidad y así alumnos más preparados, capaces de pensar y crear, y listos para optar a un futuro laboral o a una educación superior mejores.

En paralelo, se inició lentamente otro debate importante relacionado con la modernización del sistema de propiedad intelectual, el que debería permitir instalar en la mente de nuestro pueblo, con las nuevas herramientas de la educación, una conciencia de la propiedad real que existe sobre los bienes intangibles, fomentar la innovación y desarrollo y la protección de los resultados obtenidos, y dictar algunas leyes faltantes.

Pero se necesita de más audacia. Mejorar la educación es tarea prioritaria, así como lo es el reforzar nuestro sistema de propiedad intelectual. Pero no basta. Cuando la educación esté mejorada y nuestras creaciones intelectuales y secretos industriales bien protegidos y respetados, los que son nuestros alumnos hoy tendrán una natural tendencia a emigrar. En otras palabras, podemos correr el serio riesgo de vernos enfrentados a la fuga de nuestros mejores cerebros. La tentación será enorme, y los medios que ponen las grandes economías para que ello ocurra también, y serán mayores aún si la nueva generación se beneficia de los cambios educacionales en marcha.

Así, falta combinar lo anterior con un serio debate tributario. La reciente crisis magallánica -que sin duda alguna reflejó no sólo problemas geopolíticos, económicos e históricos de una región difícil y muchas veces olvidada por el poder central- debería abrirnos la puerta para esta nueva discusión con ideas casi revolucionarias, para lograr instalar en Chile, y muy posiblemente en las zonas extremas de nuestro país, sociedades extranjeras creadoras de tecnología de punta en sectores en que hoy no estamos. A cambio de esa instalación -no con una simple oficina de ventas, sino que con una planta industrial y un departamento de investigación y desarrollo- se deberá ofrecer un régimen tributario especial por un plazo muy largo. ¿Cómo no podrá Chile (así como en el siglo XIX llamó a colonizar el sur del país, transformándolo en la maravilla que conocemos) hacer ahora un llamado a grandes compañías y crear un nuevo foco de desarrollo potente? ¿Cómo no poder transformar Punta Arenas en la Seattle del Hemisferio Sur?

Algunos dirán: ¿Para qué favorecer a multinacionales y darles ventajas? Otros afirmarán: "Mejor seguir con sistemas de subsidios, tanto para la innovación como para las zonas extremas". Las ventajas para éstas serán sin duda grandes, pero serán el incentivo necesario para traer a Chile tecnologías que no nos soñamos fabricarlas aquí, para Chile y la región, usando los tratados de libre comercio; y así crear muchos puestos de trabajo, establecer con nuestras universidades y empresas convenios de colaboración con dichas empresas que se instalen, e incrementar el comercio, mejorar la educación e integrar mejor esas regiones a Chile.

Otros lo han logrado antes, como algunos cantones de Suiza, en los que a cambio de instalar una sociedad en su territorio se pueden negociar los impuestos futuros a pagar. Así han sabido atraer dentro de sus fronteras -a veces a pesar de la falta de glamour social o geográfico de algunos de los lugares elegidos- sociedades grandes. Sin duda alguna, han comprendido que incentivos tributarios fuertes y bien puestos pueden hacer la diferencia.

Si logramos un buen régimen tributario, es probable que llegue el tiempo de nombrar a un "ministro viajero" que recorra el mundo, convidando a empresas importantes a avecindarse dentro de nuestro territorio, y así logremos nuevos polos de desarrollo.